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Historia de Roma: la fundación de la ciudad

Actualizado: 21 jun 2020

Sin importar la perspectiva desde la cual se estudie el origen el origen de Roma, éste siempre encuentra alguna relación con mitos, leyendas y otros sucesos de difícil comprobación histórica. Si nos apegamos únicamente a los relatos mitológicos, el origen del imperio se encuentra en el desenlace de la batalla descrita por Homero en la Ilíada. Específicamente en la huida de Eneas – hijo de Afrodita y un caudillo militar troyano – de Ilión o Troya, luego del asedio y caída de la ciudad a manos de los Griegos. Según las historias, este personaje escapó con su familia y otros troyanos fugitivos al Lacio, región centro – occidental de Italia, donde incluso llegó a convertirse en rey. Eneas y su caravana arribaron a Laurento, ciudad ubicada a orinas del Tirreno y cerca de la desembocadura del río Tíber. Allí obtuvieron de los habitantes de la zona un territorio para habitar, el cual fue llamado Lavinio.


Este nombre provino de la hija del rey Latino, quien dio a su hija Lavinia como esposa a Eneas. El resto de sus compatriotas aprovecharon dicha unión y fueron mezclándose con los habitantes de la zona. Gracias a ello, los troyanos fueron unificando costumbres, leyes, ritos religiosos y vínculos de parentela. Esta situación provocó que aborígenes y extranjeros asumieran la denominación común de latinos, dando origen a la estirpe romana a pesar de que la ciudad se fundaría mucho después. Después de la muerte de Latino, Eneas se convirtió en rey, quien a su vez fue sucedido por su hijo Ascanio, fundador de Alba Longa. Varias generaciones después, el rey Numitor envió una colonia guiada por Rómulo y Remo hacia la zona del monte Palatino, donde fundaron Roma.



Rómulo y Remo, de Peter Paul Rubens (1615-1616)

De acuerdo con la leyenda, Numitor rey de Alba Longa, fue destituido por su hermano Amulio. Amulio mató a todos los hijos varones de Numitor y convirtió a su única hija, Rea Silvia, en una virgen vestal para que no tuviera descendientes. Lo que no previó el tirano fue que Marte, dios de la guerra, se enamorase de la muchacha. De esta unión nacieron dos gemelos, Rómulo y Remo. ​Amulio, temeroso de tener en el futuro dos rivales al trono, ordenó su asesinato. Sin embargo, el hombre encargado del infanticidio no se atrevió a llevar a cabo la tarea, abandonándolos en el río Tíber.

La corriente llevó la cesta donde estaban los bebés a un pantano llamado Velabrum, en un lugar entre las colinas Palatino y Capitolio. ​Ahí fueron cuidados y alimentados por una loba llamada Luperca y un pájaro carpintero, los animales sagrados de Marte.

Los infantes fueron encontrados por el pastor Fáustulo, quien era porquerizo de Amulio y decidió criarlos en secreto.


Una vez crecieron se les reveló su verdadera identidad y estos decidieron tomar justicia. Mataron a Amulio y liberaron de su encierro a su abuelo. Rómulo y Remo partieron de Alba Longa para fundar una ciudad donde gobernar. Mientras Rómulo quería construir Roma en el Monte Palatino, Remo quería hacer lo propio con Remoria en el Aventino. Como la ley de la primogenitura no podía aplicarse en este caso, se debía elegir al rey de otra forma. Fue así como​ se decidió que el que viera más buitres ganaría el mando de la ciudad, triunfando Rómulo al ver el doble de pájaros que su hermano. Fue entonces cuando Rómulo trazó los límites de la ciudad, ordenando que nadie los traspasara durante las ceremonias. Remo desafió a su hermano y traspasó los límites trazados, por lo que tuvieron una discusión que provocó una pelea entre ambos, la cual tuvo como consecuencia la muerte de Remo.


Quienes se separan de los mitos y explican el origen de Roma a partir de la organización de varias poblaciones que habitaban la zona de las 7 colinas, concluyen que la fundación de la ciudad se produjo a partir de una federación de “gens” o gracias a la disociación de grupos gentilicios mayores. Esta postura se sustenta en la comprobación de la existencia de diversos grupos étnicos que poblaron el Lacio para el año 1000 a.C., así como en el hecho de que para el Siglo VIII a.C. existiesen ceremonias en torno a una religión común en las cimas de los montes Palatino, Esquilino y Caelius. De acuerdo con estudios de arqueólogos y sociólogos, aproximadamente desde el siglo X a.C. la península itálica ya se encontraba habitada por pueblos etruscos, los cuales se expandieron dominando gran parte de este territorio, en especial las regiones de la costa oeste y el centro de Italia. Mientras tanto el sur de la península se encontraba habitado por los latinos, la costa este presentaba asentamientos y colonias griegas, y el norte de Italia estaba habitado por pueblos indoeuropeos.


Si bien resulta complicado establecer una distinción clara de lo que es real y lo que no, lo cierto es que gracias a los descubrimientos históricos puede ubicarse la fundación de Roma aproximadamente en el año 753 a.C., así como un modelo de gobierno monárquico durante más del primer siglo de vida de la ciudad.


Una de las historias que rodean la fundación de Roma es la conocida como el rapto de las sabinas. Se cuenta que para poblar la ciudad recién fundada, Rómulo acogió en la misma a todo tipo de prófugos y refugiados de procedencia latina. Sin embargo, la ciudad estaba conformada íntegramente por varones. Teniendo en cuenta que para construir una ciudad se necesitaban también mujeres, los habitantes de Roma se fijaron en las hijas de los sabinos, que habitaban la vecina colina del Quirinal. Para hacerse con ellas, se organizó una gran fiesta, con carreras de carros y banquetes. En el momento en el que los sabinos se encontraban ebrios y dormidos, los romanos raptaron a sus mujeres. Al regresar a sus casas y descubrir el engaño, los sabinos declararon de inmediato la guerra a Roma.


Bibliografía y referencias


Fabio Espitia Garzón, Historia del Derecho Romano, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2015

Emilssen González de Cancino, Manual de Derecho Romano, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2003

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