Las primeras espadas fueron desarrolladas en la Edad de Bronce, alrededor de 1500 a. C., como una evolución de las dagas. Estas primeras espadas fueron fabricadas con 2 piezas unidas entre sí. Se trató una herramienta útil para clavar, pero poco eficaz si se utilizaba mucho para realizar cuchilladas. Alrededor de 500 años más tarde se empezaron a fabricar las primeras espadas de una pieza. La espiga, parte que atraviesa la empuñadura, se ensanchó al encontrarse con la hoja, y esta última a su vez se estrechó y ensanchaba gradualmente hasta las dos terceras partes de su largura antes de reducirse a una punta. Este nuevo diseño fue más eficaz para clavar y cortar.
Con el paso de los años se empezó a emplear el hierro para la fabricación de espadas y los herreros de distintas culturas experimentaron con diversos diseños. Los romanos utilizaron la gladius, espada corta ideal para el combate cuerpo a cuerpo. En Oriente Medio se fabricaron espadas con hoja curva. Los celtas llevaban espadas largas que giraban por encima de su cabeza para golpear después el suelo, emulando el el corte de leña (según Dionisio de Halicarnaso en el Siglo I a. C.).
Las espadas también fueron adquiriendo cualidades míticas, llegando a legitimar la autoridad de líderes militares. Los vikingos solían poner nombre a las suyas y les atribuían poderes mágicos. Atila el Huno llegó a presumir de ser el poseedor de la espada del dios romano Marte. También son conocidos los mitos de Arturo y la espada Excalibur; así como la huida de Eneas portando una espada que mantendría viva a Troya aun cuando fuese destruida.
La soldadura por forja
Uno de los inconvenientes más frecuentes en el proceso de elaboración de espadas fue la dificultad de forjar una pieza lo suficientemente fuerte, que no se quebrara durante el combate. Esto fue resuelto por los herreros francos en el Siglo II d. C., quienes desarrollaron la técnica conocida como soldadura por forja.
Esta técnica consiste en colocar juntas capaz de barras de hierro duras y blandas, que se retuercen y martillean hasta transformarlas en una masa homogénea. Después se colocaban barras de hierro endurecido a lo largo de los bordes de la espada, y se soldaban a la masa usando el martillo. Por último, la hoja se calentaba y enfriaba con agua, para luego enfriarla de forma natural. Esto producía un filo duro y cortante, que dotaba de mayor eficiencia y durabilidad al arma.
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